Se quedó embobada con el sonido de un bidón lleno de agua chocando
contra el suelo. Caía a cámara lenta y de repente se detenía. Quiso retener la
caída durante más tiempo y se le ocurrió hacerlo desde más alto. El sonido cada
vez era más nítido, más blando, más largo. Primero desde una piedra, luego
encima de la silla, luego la piedra en la silla, luego la mesa, luego la silla
en la mesa, por último la piedra en la silla y la silla en la mesa. Entonces se
dio cuenta que vivía en un treceavo piso y subió las escaleras corriendo. Uno, silbido,
impacto, silencio, dos, silbido, impacto, silencio, tres, silbido, impacto,
silencio, cuatro, silbido, impacto, silencio, cinco, silbido, impacto,
silencio, sirenas de policía, seis, silbido, impacto, silencio, el timbre
suena.
‒¿Pero a qué idiota se le ocurre…?
‒Hola, señor agente, ¿en qué puedo ayudarle?
‒¿Pero a qué idio…?
‒Disculpe, señor agente, ¿qué ocurre?
El señor agente se impacienta. Mira por encima del
hombro de la chica. –¿Hay alguien más que usted en esta maldita casa?‒
‒No, señor agente. Estaba haciendo unas cosas.
‒¿Era usted la que tiraba bidones por la terraza?
‒Hombre, ahora que lo dice, recuerdo…
‒¿Pero a qué idiota se le ocurre semejante
barbaridad?
‒Mire, señor agente, creo que no he pensado igual
que usted está pensando ahora. Pero vamos, que no se preocupe, que no volverá a
ocurrir.
‒¿Qué no pensaba como yo pensaba? ¿Está usted
enferma, señorita?
‒Mire, señor agente, de verdad que lo siento‒.
Pero lo dijo sonriendo porque ella
sonreía constantemente y el señor agente creyó que le estaba vacilando.
‒Señorita, acompáñenos a comisaría, está usted
burlándose de la autoridad.
‒Que no, que no, señor agente, de verdad, que es que
no sé cómo hacer para decir verdades sin que parezca que digo mentiras.
‒Señorita, usted no tenía que tirar esos bidones por
la terraza, ¿a quién se le ocurre? ¿Sabe que podría a ver matado a alguien?
¿Imagínese por un momento que alguien hubiese cruzado por debajo de su ventana?
‒Hubiera quedado como un acordeón, señor agente. Es
horriblemente desternillante pero inhumano, lo reconozco.
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