- ¿Quién es?
- El fontanero.
- Eso es lo típico que se dice cuando se va a robar a una casa. ¿Cómo se que es usted un fontanero?
- Bueno, me llamó usted, ¿no?
- Sí, pero quién sabe, igual la línea estaba pinchada y alguien supo que usted iba a venir aquí y se le adelantó y…
- Está bien, pregúnteme lo que quiera, no he venido desde el otro lado de la ciudad para nada.
- ¿Cuál es su número de licencia?
- Mire, si abre la puerta, aunque sea con el pestillo, se la enseño.
- ¿Y cómo se yo que no la ha falsificado?
- ¡Oiga, pues haga usted otra pregunta!
- Está bien… esto es por seguridad, eh, amigo, ¡entiéndalo! A ver… ¿Por qué los fontaneros llevan los monos azules?
- Oiga, amigo, no puedo creer que esto esté ocurriendo de verdad. ¿Cómo quiere que sepa yo de…?
- Buena respuesta. Si usted no fuera fontanero hubiera inventado cualquier excusa.
- Oiga, ¿me está faltando al respeto? He venido a hacer mi trabajo y me encuentro con…
- Está bien, pase.
Quita la cadena y el cerrojo.
- Buenas tardes, señor fontanero.
- Dígame dónde está el retrete.
- ¿No se habrá usted molestado? ¿Quiere una cervecita?
- Oiga, señor, tengo que ir a mi casa a comer y me gustaría llegar pronto, asique dígame dónde está el retrete averiado.
- No se preocupe por el retrete y relájese. Yo le voy a pagar por el retrete como si realmente…
- ¿Pero es que usted no tiene nada mejor que hacer que ponerse a llamar a fontaneros?
- Mire, estoy haciendo un estudio y no me importa pagar por ello.
- ¿Y por qué molesta a los fontaneros?
- Bueno, ya lo hice con un cerrajero, un ascensorista y un mecánico. ¿Le importa que le haga unas preguntas?
- Dirá más preguntas. Ya me hizo un interrogatorio a través de la puerta.
- Bueno, amigo, no es para tanto. Mire estoy muy interesado en crear un negocio y me gustaría saber qué es lo que le preguntan las mujeres cuando va a las casas.
- ¿Que qué me preguntan de qué?
- Pues si por ejemplo le preguntan sobre el tiempo, ¿usted qué les dice?
- Mire, señor, esto es un poco raro. Todo depende del tiempo que haga, ¿por qué iba yo a llevar un discurso preparado?
- Entiendo-. Y anotó algo en su cuadernillo-. Bien, ¿y se le preguntan si es cristiano?
- Digo que no lo soy.
- Lo dice sin sorprenderse, como si ya le hubieran preguntado alguna vez.
- Si, las mujeres ancianas suelen hacerlo.
- ¿A sí? Y cuando les dice que no lo es, ¿qué hacen?
- No sé, yo arreglo retretes.
- Si, ¿pero le vuelven a llamar?
- Oiga, yo arreglo los retretes muy bien.
- No lo pongo en duda, amigo, pero los retretes son uno de los puntos más inestables de las casas según un estudio reciente. Y lo veo normal, soportan grandes presiones todos los días.
- Pues no, no vuelven a llamar.
- Bien. ¿No ha pensado usted en hacerse cristiano, verdad?
- Mire, uno no se puede hacer cristiano de la noche a la mañana.
- Bueno, Dios está en todas partes, no veo por qué no. Si usted ve mucho un producto, y le dicen que el producto es imprescindible para vivir felizmente, acabará comprándolo. Si intentara ir a la iglesia todos los domingos, o si está muy interesado y quiere una evolución más rápida hágalo todos los días, acabaría creyendo…
- Creo que es mejor que me vaya. Necesito que me firme aquí-. Cortó tajante el fontanero.
- Si, si claro. Me ha sido de gran ayuda…
- Por favor, tengo prisa.
- Ya está.
- Adiós- dijo el fontanero sin mirarle a la cara precipitándose hacia la puerta.
- Adiós, amigo... ¡Y gracias!