INTRO

No puedes creer que los círculos tengan culo y cara. No puedes seguir creyéndolo.

Juega y verás que tienen un culo intrínseco en su cuerpito delgado y perfecto. Pero no es real, sólo una ilusión óptica y engrosada.

Me hacen daño los círculos que crecen en sueños. Ya son rutina en mis noches. Hablan por sí solos y van meciendo el encanto del beso y del abrazo. Empiezan a bailar dentro de mí salvajemente... Un círculo que se hincha y no respeta el límite de mi cuerpo, que presiona mi piel y se hunde.

Tengo el cuerpo lleno de marcas circulares. Mamá las ve, hay quién no puede verlas.

domingo, 13 de febrero de 2011

Deshielo

Las gotas saltan de las nubes y basta un soplido para que se vuelvan copos. Copos leves, insignificantes. Van cayendo, lentamente, y se posan en todos lados, en ninguno.

Sentada en el banco de la plaza, con la cabeza hacia atrás, veo cómo respetan los tiempos de caída. Permanezco así durante un tiempo, hasta que uno se mete en mi ojo. Agacho la cabeza, apretando el ojo con fuerza y la sal de las lágrimas se mezcla para deshacerlo. Ya no recuerdo que me haya hecho daño.
Continúo mirándolos. Ahora les veo caer en el suelo. La primera capa al entrar en contacto con él pierde el ritmo de caída. Permanece un momento en la superficie para luego convertirse en agua. El resto continúa monótonamente. Se van formando pequeños charcos.

Diez segundos tarda en caer desde que me fijo en él. Describe círculos, espirales, y se posa aquí, en mi mano. Puro azar. Es tal el cosquilleo que provoca el roce que no puedo evitar sonreírme. Es posible tocarlo pero la insensibilidad de la yema no permite precisar la sensación.
Van cayendo y una vez tras otra intento retener la imagen que provoca en mí su tacto. No hay prisa en los movimientos. Cuando cae imagino que resistirá un poco más, pero todos acaban deshechos.

Salí de casa porque necesitaba estar sola. Habíamos vuelto a discutir por teléfono. Había vuelto a intentar explicarle cómo me siento cuando decide desaparecer y las conversaciones se han vuelto repetitivas y cada vez más inconsistentes. Me voy dando cuenta de que las cosas no tienen sentido alguno, a pesar de que cada día tengo más claro que me gusta estar con él y a la vez me gusta cómo me siento.
Cuando se lo explico lo entiende y sonríe y se siente fuerte. Lo sé porque me coge la mano con decisión y cariño. Pero al día siguiente vuelve a olvidarse de todo y siente miedo.
Quizás el problema sea que piensa mucho. Me niego a creer, como me dice la gente, que quizás sea que sentir tanto le haga daño.

Cae otro copo. Esta vez el cosquilleo quema. Abro la boca e intento que el aliento salga lo más caliente posible. He sentido el frío copo, sin saber que iba a sentirlo. Era necesario deshelarlo.

1 comentario:

  1. exquisito..
    he sentido los copos deshelarse en mi mano, sin nieve, sin plaza, sin banco

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    hay quien tiene miedo a sentir, y anticipándose a un posible dolor, lo evita, perdiéndose así sabores de la vida

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